Pimeras visitas al PDG

Recién lanzado, las visitas al PDG provienen la gran mayoría de España, seguidas muy de cerca por Estados Unidos. Pero también de Francia, Emiratos Árabes Unidos, Países Bajos, Reino Unido, Alemania, Luxemburgo, Singapur y Eslovaquia.

PDG: ¡Ya disponible!

1ª edición: Versión digital, 2015
Género: No ficción / Ensayo político
Autor: Miguel Ángel Villar Pinto
Páginas: 18 (Din A4, párrafo sencillo)
PVP: 0€ (versión gratuita libre)
Estado: Ya disponible en pdg.villarpinto.com y facebook
Copyright: Versión digital: Permitido descargar y compartir la obra de manera gratuita, siempre que se reconozca su autoría. No podrá ser utilizada con fines comerciales ni se podrá modificar en forma alguna el texto original (aunque sí se permite la traducción a otros idiomas). Equivalente a CC BY-NC-ND (Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-NoDerivadas). Versión impresa: Todos los derechos reservados. © Miguel Ángel Villar Pinto.

¡Un mundo mejor es posible!, si así lo deseamos y hacemos lo necesario para que ocurra. Nos encontramos en un momento crucial de la historia, en un siglo que supone importantes desafíos a nivel global. Sin embargo, estamos regidos por sistemas inestables e ineficaces para hacerles frente. Es necesario pues dejar de mirar hacia el pasado y centrarse en el presente, actuar, modificar y cambiar aquello que las circunstancias requieren. El mundo ya fue renovado muchas veces en el pasado; el momento de volverlo a hacer ¡es ahora!



Queda poco ya para la publicación del PDG

Ya está lista la portada del PDG. Va quedando menos para el lanzamiento del ensayo político que he estado escribiendo a la largo de estos casi cinco años. Os dejo también un adelanto, el primer capítulo provisional. Espero poder publicar la obra completa en septiembre de 2015.

1 El concepto de riqueza

Tres son las acepciones que recoge el diccionario de la Real Academia Española para «riqueza»: 1. Abundancia de bienes y cosas preciosas; 2. Abundancia de cualidades o atributos excelentes; 3. Abundancia relativa de cualquier cosa.

De las tres, la que se destaca es la primera, relacionada con objetos físicos, y sin embargo, la verdaderamente crucial es la segunda, pues el único medio para generar riqueza material es una cualidad inmaterial: la inteligencia.

Prueba innegable de ello es que los recursos disponibles en la Tierra son idénticos tanto para los seres humanos del Paleolítico como para los del siglo XXI y, en cambio, el nivel de riqueza de unos y otros no es comparable en absoluto. La abundancia de bienes y cosas preciosas para un hombre del Paleolítico se reduciría a cuevas y abrigos que le pudieran dar cobijo, fuego, piedras con las que construir y utilizar herramientas y armas, además de zonas de caza y recolección. Desde la perspectiva de desarrollo actual, se podría decir que vivían en la más completa miseria.

Pero lo crucial es que, desde el mismo momento en el que aquel ser humano primitivo comprendió que, a través de la aplicación de su inteligencia, podía manipular y transformar los recursos en su propio beneficio, surgió también la capacidad de generar una mayor riqueza. Gracias a ello, sus descendientes descubrieron posteriormente la agricultura, la ganadería, la escritura, la numeración, la medición del tiempo, la alfarería, la metalurgia, el papel, la moneda, la rueda, la brújula, la óptica, la imprenta, las ciencias, la pólvora, la industria, la máquina de vapor, aparatos eléctricos y una larga lista de hitos que supusieron, todos y cada uno de ellos, una mayor abundancia de bienes y cosas preciosas que, a su vez, no existían antes de que el ser humano las creara.

No obstante, la inteligencia es sólo una de las dos propiedades más valiosas que posee el ser humano, pero sin la segunda, la cooperación, no hubiera sido posible llegar hasta nuestra época actual; un solo individuo estaría abocado a la extinción. En primer lugar, por lo evidente: no podría reproducirse; se requiere del sexo opuesto para que la especie se perpetúe. Esta es la forma de cooperación más antigua existente, pero aunque situáramos a una pareja en vez de a un individuo, las probabilidades de supervivencia seguirían siendo todavía escasas. Son muchos los peligros: depredadores, enfermedades, accidentes, cataclismos naturales…

Es obvio que las probabilidades solo aumentan si se incrementa el número de personas que cooperan entre sí. El ser humano ha necesitado desde el inicio ser gregario y sociable; depende de ello para subsistir. No obstante, esta necesidad dio lugar a dos hechos diferentes pero relacionados entre sí.

Por una parte, la cooperación entre individuos permitió que se produjera otro hito esencial para la generación de riqueza: el reparto y especialización de tareas. Cuanto más grande fuera el grupo, mayor sería la cantidad de recursos que podría gestionar, facilitando al mismo tiempo que sus integrantes pudieran enfocar su inteligencia a un sector en concreto y, de este modo, propiciar innovaciones que repercutirían en el progreso de todo el conjunto.

Fue por ello que el ser humano dejó de ser nómada para convertirse en sedentario, fundando poblados, ciudades, estados, países, civilizaciones, imperios, creciendo en dimensiones los grupos al igual que la especialización y capacidad para alcanzar mayores cotas de abundancia.

Por otra parte, con la cooperación surgió también otro aspecto clave: la competitividad. La formación de grupos diferenciados permitió la existencia de una gran variedad de sistemas de organización y de avances tecnológicos, ensayando cada uno de ellos distintas fórmulas, evolucionando y entremezclándose unas con otras en función de su eficacia para generar más riqueza. De igual modo sucedió con los individuos dentro de un mismo colectivo.

Cuando obedecen a este fin, tanto la cooperación como la competitividad son elementos positivos pues, junto a la inteligencia, son los mecanismos que permiten al ser humano pasar de una situación de escasez de bienes y cosas preciosas a otra de abundancia.

Así pues, la riqueza material es una consecuencia de la riqueza inmaterial (inteligencia), con lo que la relevancia de esta última es mucho mayor que la primera; es el capital humano y no el capital material la principal fuente de riqueza del ser humano. No obstante, suele entenderse a la inversa. Esto probablemente sea debido a una herencia de las corrientes de pensamiento feudal, capitalista y comunista, en virtud de los cuales la sociedad se encuentra dividida en dos grandes bloques: poseedores de bienes materiales (latifundios y medios de producción) y desposeídos, y todavía aún hoy siguen prevaleciendo en gran medida pese a ser una concepción equívoca de la fuente de riqueza primordial.

Esto supone un freno en la optimización del desarrollo de la civilización humana, pues conlleva que se apliquen políticas desde una visión fragmentada de la sociedad determinada por la pugna del capital material y no desde una perspectiva global unitaria que favorezca el desarrollo grupal de todo el capital humano.

Y con ello se establece una de las primeras grandes diferencias entre el PDG y estas corrientes de pensamiento, ya que el PDG entiende el progreso como el desarrollo de toda la sociedad en su conjunto, partiendo de la base de que el capital mayor que posee el ser humano es el inmaterial (inteligencia), y que la cooperación y competitividad, junto a la especialización de tareas, son los mecanismos que lo favorecen.

Las políticas a aplicarse pues, desde la perspectiva del PDG, serían aquellas que estén enfocadas al desarrollo global, dando por anacrónicas, perjudiciales y erróneas aquellas que fraccionan, dividen, perjudican o desequilibran la concepción unitaria de la misma.

PUNTOS CLAVE:

• El único medio para generar riqueza material es una cualidad inmaterial: la inteligencia. Es el capital humano y no el capital material la principal fuente de riqueza del hombre.
• La cooperación y competitividad permiten que los grupos crezcan en dimensiones, lo que repercute positivamente en la especialización y capacidad para alcanzar mayores cotas de abundancia.
• El PDG entiende el progreso como el desarrollo de toda la sociedad en su conjunto.
• Las políticas a aplicarse, desde la perspectiva del PDG, serían aquellas que estén enfocadas al desarrollo global, dando por anacrónicas, perjudiciales y erróneas aquellas que fraccionan, dividen, perjudican o desequilibran la concepción unitaria de la misma.